Skip to main content

El 10 de septiembre de 1869 quedó fijada una fecha clave en la historia de la enseñanza naval en España: el decreto que estableció la Escuela Naval Flotante en la fragata Asturias, fondeada en Ferrol. Con esta decisión, la formación de los futuros oficiales de la Armada entraba en una nueva etapa, marcada por una idea especialmente significativa para cualquier profesión técnica: aprender en contacto directo con la realidad del oficio.  

La medida llegó después del cierre del anterior Colegio Naval Militar y en un contexto de reorganización institucional tras la Revolución de 1868. El impulso político de esta reforma estuvo ligado al ministro de Marina, Juan Bautista Topete, que apostó por un modelo docente a flote, algo tan singular como discutido en su momento.  

Conviene hacer una precisión importante: el decreto es de 1869, pero la inauguración efectiva de la Escuela Naval Flotante a bordo de la Asturias tuvo lugar el 1 de abril de 1871. Es decir, el 10 de septiembre no conmemora el inicio de las clases, sino el nacimiento legal e institucional del proyecto.  

La elección de la fragata Asturias tampoco fue casual. Se trataba de un buque veterano, antes llamado Princesa de Asturias, adaptado para convertirse en centro docente. Para ello fue reformado y acondicionado como pontón-escuela en Ferrol, un enclave estrechamente vinculado a la historia marítima e industrial española.  

A bordo, los aspirantes recibían una formación exigente y amplia. El plan de estudios incluía materias como análisis matemático, física, química, mecánica racional, astronomía, navegación, artillería, máquinas de vapor, construcción naval y geografía física del mar, entre otras. El dato es revelador: ya en la segunda mitad del siglo XIX, la formación naval exigía una combinación de ciencia, técnica y práctica que anticipaba el perfil del profesional altamente especializado que hoy sigue necesitando el sector.  

Recordar esta fecha es recordar también que los grandes avances profesionales no nacen solo de la innovación técnica, sino de la manera de enseñar y transmitir el conocimiento. La Escuela Naval Flotante fue, en ese sentido, mucho más que una solución organizativa: fue una apuesta por formar mejor a quienes debían afrontar los retos del mar, de la navegación y de la ingeniería naval en una época de profunda transformación.