El 7 de mayo de 1913, en el astillero de la Sociedad Española de Construcción Naval en Ferrol, se llevó a cabo la botadura del acorazado Alfonso XIII, un hito significativo en la historia naval de España. Este buque fue el segundo de los tres acorazados tipo dreadnought de la clase España, diseñados para modernizar y fortalecer la Armada Española en la década de 1910.
Tras las pérdidas sufridas en la Guerra Hispano-Estadounidense, España emprendió un ambicioso programa de reconstrucción naval. En este marco, se planificó la construcción de la clase España, compuesta por los acorazados España, Alfonso XIII y Jaime I. Estos buques fueron concebidos para reforzar la flota y desempeñar un papel estratégico en el ámbito marítimo europeo.
El Alfonso XIII presentaba las siguientes especificaciones:
- Eslora: 140 metros.
- Manga: 24 metros.
- Desplazamiento: 15.700 toneladas estándar y 16.450 toneladas a plena carga.
- Velocidad máxima: 19,5 nudos.
Aunque su botadura se realizó en 1913, la finalización del Alfonso XIII se vio retrasada debido a la escasez de materiales provocada por el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Esta situación afectó la disponibilidad de equipos y componentes esenciales para su construcción. Finalmente, el buque fue asignado y entró en servicio el 16 de agosto de 1915.
Durante su servicio, el Alfonso XIII participó en diversas operaciones y ejercicios de entrenamiento. En 1931, con la proclamación de la Segunda República Española, el buque fue renombrado como España. Posteriormente, durante la Guerra Civil Española, operó en el bando sublevado. El 30 de abril de 1937, mientras patrullaba cerca de Santander, impactó una mina marina y se hundió.
Conocer y recordar episodios como la botadura del Alfonso XIII nos ayuda a entender mejor nuestro pasado y a valorar el esfuerzo colectivo que hay detrás de cada avance. La historia naval forma parte de nuestra identidad y nos conecta con generaciones que miraron al mar con visión de futuro y espíritu de superación.




