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El 8 de agosto de 1975, la presa de Banqiao, en la provincia de Henan, China, colapsó tras intensas lluvias provocadas por el tifón Nina. Este desastre, fue uno de los más graves en la historia de la ingeniería civil. 

La falla de la presa liberó 701 millones de metros cúbicos de agua en seis horas, inundando una vasta área de 12.000 km² y afectando a más de 10 millones de personas. Las estimaciones de víctimas mortales varían desde decenas de miles hasta 240.000, y se registraron más de 6 millones de viviendas destruidas.  

El colapso de Banqiao fue resultado de una combinación de factores técnicos y humanos. La parecía presentar deficiencias en su diseño y materiales. La supervisión insuficiente y la construcción apresurada sin considerar adecuadamente las condiciones hidrológicas locales fueron determinantes en el desastre. 

Tras el colapso, China emprendió una serie de reformas en la gestión de presas, implementando estándares más rigurosos en el diseño, construcción y mantenimiento de infraestructuras hidráulicas. La tragedia de Banqiao subrayó la importancia de la planificación integral, la supervisión constante y la adaptación a las condiciones ambientales locales en proyectos de ingeniería civil. 

Este evento también destacó la necesidad de una comunicación efectiva y de protocolos de emergencia bien establecidos para mitigar los riesgos asociados a grandes infraestructuras. La lección de Banqiao es un recordatorio de que la ingeniería no solo debe enfocarse en la construcción, sino también en la sostenibilidad, la seguridad y la responsabilidad social.