El 5 de junio de 1976, una tragedia sin precedentes sacudió el estado de Idaho, Estados Unidos, con el colapso de la presa Teton. Esta presa de tierra compactada, ubicada sobre el río Teton en el este del estado, era una obra reciente de la Oficina de Reclamación de los Estados Unidos. Su colapso no solo cobró vidas y causó miles de millones en daños, sino que también puso en tela de juicio la práctica de diseño y gestión de presas de la época.
El desastre comenzó a gestarse a media mañana del 5 de junio, cuando se detectó una fuga de agua a través del cuerpo de la presa. A pesar de los esfuerzos por contenerla, la erosión interna —un fenómeno conocido como piping— avanzó rápidamente. Poco después del mediodía, la presa colapsó parcialmente y liberó cerca de 300 millones de metros cúbicos de agua en cuestión de horas. El torrente arrasó con todo a su paso, incluyendo la pequeña ciudad de Wilford y partes de Sugar City, Rexburg y otras comunidades río abajo. El saldo fue devastador: 11 personas murieron, más de 13.000 cabezas de ganado perecieron y se estimaron daños materiales superiores a los 2.000 millones de dólares actuales.
La causa principal del colapso fue un defecto estructural en la presa que no había sido identificado adecuadamente durante las inspecciones. Durante la construcción de la presa, la base de la estructura había sido asentada sobre un lecho de arcilla que resultó ser mucho más permeable de lo esperado. Esto permitió que el agua comenzara a filtrarse por las capas internas de la presa, debilitando la estructura. Aunque se realizaron intentos por reforzar la presa antes del desastre, estos no fueron suficientes para evitar el colapso.
En cuanto a las consecuencias, la tragedia trajo consigo una serie de cambios en la industria de la ingeniería civil. La presa Teton fue una llamada de atención sobre la importancia de realizar estudios geotécnicos más rigurosos y de tener en cuenta las características del suelo en el diseño de estructuras tan críticas como las presas. Además, se tomaron medidas para mejorar las técnicas de monitoreo y alerta temprana, con el objetivo de detectar problemas antes de que llegaran a convertirse en desastres.
Hoy en día, el sitio de la presa Teton se encuentra abandonado y no se han realizado esfuerzos significativos para reconstruirla. Sin embargo, el colapso de esta presa dejó un legado importante en la ingeniería de presas, llevando a la creación de normativas y estándares más estrictos para la construcción y mantenimiento de estas infraestructuras. Aunque el desastre dejó una marca indeleble en la memoria colectiva, también sirvió como una valiosa lección sobre la importancia de la seguridad y la prevención en la ingeniería civil, especialmente en proyectos que involucran grandes masas de agua y riesgos potencialmente devastadores.




