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Julio Martínez Calzón, nacido en Valencia el 11 de marzo de 1938 y fallecido en Madrid el 26 de septiembre de 2023, fue un destacado ingeniero de caminos, canales y puertos, reconocido por su excepcional trabajo en el diseño y construcción de estructuras complejas, especialmente puentes. A lo largo de su carrera, fusionó su destreza técnica con una profunda apreciación por la estética, convirtiéndose en una figura clave en la ingeniería estructural de España. 

Realizó sus estudios en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos de Madrid, donde obtuvo su título en 1962. Más tarde, se doctoró en 1968 con una tesis sobre el comportamiento plástico de las estructuras de hormigón armado. Su pasión por la ingeniería le llevó a convertirse en un pionero en el uso de estructuras mixtas, publicando en 1966 un libro que se convirtió en la primera obra en español sobre este tipo de construcciones, abriendo así el camino para su uso en España. 

Durante su carrera, Martínez Calzón dejó su huella en numerosos proyectos emblemáticos. Diseñó y supervisó la construcción de más de una veintena de puentes, muchos de ellos en colaboración con otros grandes ingenieros. Algunos de los proyectos más reconocidos incluyen el puente de Juan Bravo-Eduardo Dato en Madrid, el puente de la ría de Ciérvana en Bilbao, y el puente del Milenario en Tortosa. Estos trabajos reflejan no solo su habilidad técnica, sino también su capacidad para integrar sus diseños en el entorno urbano y natural. 

Además de su labor en puentes, Julio Martínez Calzón participó en el diseño de estructuras para importantes edificios. Trabajó junto a renombrados arquitectos en proyectos de gran envergadura, como la Torre de Collserola en Barcelona, el Palau Sant Jordi y la sede de Gas Natural, entre otros. Su contribución a estos proyectos reafirmó su reputación como un ingeniero con una visión innovadora y multidisciplinaria. 

Durante más de tres décadas, Martínez Calzón también fue profesor en las Escuelas de Ingenieros de Caminos de Madrid y Santander, donde compartió sus vastos conocimientos con futuras generaciones de ingenieros. Su enfoque pedagógico no solo se centraba en la técnica, sino también en la relación entre ingeniería y arte, instando a sus alumnos a apreciar la belleza en las estructuras y a considerar su impacto en el entorno. 

A lo largo de su carrera, recibió numerosos reconocimientos, incluidos premios por su excelencia profesional y su contribución al desarrollo de la ingeniería civil en España. Su legado perdura no solo en las obras que dejó, sino también en su enfoque humanista, que integraba las ciencias exactas con las artes y la cultura. 

Julio Martínez Calzón fue un hombre de amplios intereses, que cultivó su amor por la filosofía, la música y la pintura. Su legado, marcado por su capacidad para combinar la técnica con la sensibilidad estética, sigue siendo una fuente de inspiración para la ingeniería moderna.