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La historia de la ingeniería naval española está repleta de hitos técnicos y avances que marcaron época. Uno de ellos tuvo lugar el 24 de junio de 1885, cuando fue botado en el Arsenal de La Carraca el crucero Infanta Isabel. Esta embarcación no solo fue un logro constructivo, sino también un símbolo del paso de la madera al hierro y de la navegación a vela a la propulsión mecánica en la Armada española. 

 

La construcción del Infanta Isabel fue autorizada el 1 de julio de 1882, en un contexto en el que las principales potencias navales del mundo ya apostaban por buques metálicos y sistemas de propulsión avanzados. Su diseño fue obra del prestigioso ingeniero británico Nathaniel Barnaby, aunque la ejecución corrió a cargo de dos destacados ingenieros de la Armada española: los comandantes Bernardo Berro y Prudencio Urcullo. 

 

El buque fue finalmente botado tres años después, en una ceremonia que marcó un antes y un después para la construcción naval nacional: era el primer crucero de casco de hierro construido íntegramente en España. 

El Infanta Isabel representó un verdadero avance para la época, con características que lo situaban en la vanguardia tecnológica: 

  • Eslora total: 67 metros 
  • Manga: 9,75 m 
  • Calado: 3,83 m 
  • Desplazamiento: 1.250 toneladas. 
  • Compartimentos estancos: 10, una innovación clave para la seguridad a bordo. 
  • Propulsión: planta Woolf alternativa de 1.600 CV con cuatro calderas cilíndricas. 
  • Hélice: de 3,96 m de diámetro. 
  • Autonomía: una semana a 14 nudos, gracias a sus carboneras de 214 toneladas. 

El buque combinaba propulsión a vapor con aparejo de corbeta (superficie bélica de 696 m²), lo que le otorgaba versatilidad en navegación y combate. 

El crucero Infanta Isabel no era solo un prodigio técnico, también estaba bien armado para su época: 

  • 4 cañones González Hontoria de 120 mm. 
  • 4 cañones Hotchkiss de 37 mm. 
  • 4 ametralladoras Nordenfelt de 25 mm. 
  • 2 tubos lanzatorpedos. 

Su dotación era de 180 hombres, y su primer comandante fue el Capitán de Fragata Joaquín Lazaga, figura de gran reputación en la Armada. 

La botadura del Infanta Isabel simboliza el despertar industrial y técnico de la España naval del siglo XIX. Su construcción en territorio nacional con supervisión y liderazgo de ingenieros españoles fue un paso decisivo hacia una industria marítima más autónoma y competitiva. Hoy, esta fecha no solo nos recuerda un logro puntual, sino que celebra el talento, la innovación y la vocación de servicio público que caracterizan a la ingeniería naval.