Cada 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, una fecha que invita a reconocer el papel que han desempeñado las mujeres en el desarrollo científico y técnico a lo largo de la historia. En el ámbito de la ingeniería, uno de los ejemplos más significativos es el de Emily Warren Roebling, figura clave en la construcción del Puente de Brooklyn, uno de los grandes hitos de la ingeniería del siglo XIX.
Emily Roebling (1843–1903) no era ingeniera de formación, pero su contribución al proyecto fue decisiva. Cuando su esposo, Washington Roebling, ingeniero jefe del puente, enfermó gravemente a causa de la enfermedad de descompresión tras trabajar en las cajas de cimentación, la continuidad de la obra quedó seriamente comprometida. En ese momento, Emily asumió una responsabilidad que iba mucho más allá de lo esperado para una mujer de su época.
Lejos de limitarse a tareas de intermediación, Emily se formó de manera autodidacta en resistencia de materiales, cálculo estructural, geometría y mecánica, con el objetivo de comprender en profundidad las decisiones técnicas del proyecto. Se convirtió en el principal enlace entre el ingeniero jefe y los equipos de obra, interpretando planos, supervisando avances y trasladando indicaciones técnicas a ingenieros, contratistas y responsables institucionales.
Durante años, su presencia fue constante en la obra del puente. Asistía a reuniones técnicas, resolvía dudas, defendía soluciones constructivas y ayudó a mantener la confianza en un proyecto que, por su complejidad y duración, estuvo en numerosas ocasiones bajo presión política y mediática. Su conocimiento técnico llegó a ser ampliamente reconocido por los profesionales implicados, algo excepcional en el contexto del siglo XIX.
Gracias a este trabajo continuo y discreto, el Puente de Brooklyn pudo completarse y abrirse al público en 1883. Aunque Emily Roebling nunca fue reconocida oficialmente como ingeniera del proyecto, su aportación fue mencionada durante la inauguración, y se le concedió el honor simbólico de ser la primera persona en cruzar el puente. Actualmente el Puente de Brooklyn tiene una placa dedicada a la memoria de Emily, su marido y su suegro.
La historia de Emily Roebling es un recordatorio de que la ingeniería se construye no solo con títulos, sino también con aprendizaje, rigor y compromiso. En el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, su figura sigue siendo una referencia inspiradora para todas aquellas mujeres que hoy aspiran a formar parte del mundo de la ingeniería y contribuir al diseño de las infraestructuras del futuro.




